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Viajero M

La cacería del mejor mango

Nací en la ciudad y por lo mismo estoy acostumbrado al ruido excesivo que esta transmite gracias a la enorme cantidad de autos y personas que la habitan.

La contingencia visual creada por el exceso de edificios,casas, esmog y anuncios publicitarios es algo común en este lugar. Si tuviera que escoger un color para describir la ciudad de méxcio sería el color gris.

En nuestra casa trabajaba una mujer de orígenes veracruzanos, de poca estatura y algo rellenita. Era amable y muy chambeadora.

Ella y su hija se dedicaban a hacer el que hacer, mantener el hogar limpo y encargarse de preparar la comida eran sus funciones principales.

Durante el pasar de los años, ambas, se convirtieron en un integrante de la familia, poco a poco nos fueron contando sobre el lugar en el que nacieron, nos presumían como en su hogar los pisos se ponían amarillos debido a la cantidad de mangos que caían de frondosos árboles. Nos impresionaba cuando nos contaban que los mangos y los maracuyas eran gratis y que su abundancia era suficiente como para mantener a familias enteres sólo de la venta de estos frutos.

Saber que 2 alimetos que en la ciudad se consideran frutos de los dioses sobraban en este lugar, nos hizo tomar la desición de conocer su pueblo en algún momento.

Aquí me encuentro, en algún lugar recóndito de Veracruz al que no hay manera de llegar como turista, estoy debajo de un pabellón como le dicen ellos, una red que va encima de la cama y que sirve para protegerte de los vampíricos y hambrientos mosquitos mientras duermes, una protección necesaria para poder pasar la noche.

Mi compañera y aventurera pare este viaje es mi madre, acaba de descubrir que durante la noche un mosquito se infiltro en su pabellón y gozó del festín más sabroso de forma exclusiva. Literalmente se podría decir que tuvo su última cena porque mi madre ya lo encontró y no es necesario describir el desenlace.

Ayer fuimos por mangos, ayer conocimos el orígen de estos, ayer descubrimos la magnífica forma de recolectarlos, un metódo nada sencillo que nos impresionó por su complejidad y el riesgo que conlleva. Nunca imagine que recolectar mango fuera tan riesgoso. Ayer de milagro se salvo el papá de Paula, la señora que trabaja con nosotros y hoy quiero compartir la asombrosa historia y experiencia de recolectar un mango.

Aprender cómo bajar un mango fue lo principal. el padre de Paula me enseño su herramienta de trabajo, un utensilio al que le llaman garocha. Básicamente es un palo largo de bambú con una red al final que contiene tres picos pequeños que ayudan a arrancar el mango de sus ramas.

Primero pude practicar en la mangila que tenían en su casa. En ese momento creí que rrcolectar mangos era sencillo pero no conocía lo que vendría después.

Partimos hacia la jungla o bosque en el carro de mi madre, lo estacionamos donde se pudo y nos adentramos en la naturaleza con nuestras rejas, así le llaman los campesionas a las cajas de madera en las que se carga el mango.

Una vez adentro de la jungla el ambiente es impresionante. A pesar de ser de día el tamaño de las mangilas y su frondosidad cubren el terreno y hacen sombra, la cigarras suenan por doquier, el piso se encuentra decorado de puntos amarillos, las nubes de mosquitos son algo que tiene preocupada a mi madre y el olor de mango fermentado es el principal llamativo de insectos en el lugar. Podríamos agarrar de los mangos del suelo pero estos suelen estar lastimados por la caída que tuvieron. Nuestro objetivo son aquellos que se encuentran a varios metros encima de nosotros.

Después de unos cuantos minutos de habernos adentrado en la jungla, el padre de Paula ha encontrado el árbol correcto. Lo admira, saca una cuerda y en ese momento me doy cuenta que la garocha no es suficiente para atrapar mangos desde el suelo. La garocha se usa estando arriba en las ramas gruesas y altas de la mangila y para eso uno debe escalar.

Rodea la cuerda a su cuerpo, coloca su pie derecho en el tronco y se sostiene de una de las ramas que tiene a su alcance, de pronto algo empieza a tronar. La rama de la que se encontraba agarrado, a pesar de verse fuerte y sana, estaba podrida por adentro y no tardo en quebrarse. El papá de Paula cayó de espaldas en el suelo, el tronido que hizo el golpe nos asustó tanto que creimos que el señor se nos quedaba ahí; no obstante, después de recuperar el aire empezó de nuevo su camino como si nada hubiera sucedidio.

Ya estando arriba se aseguro con su cuerda, solicitó le pasaramos su garocha y empezó a recolectar los mejores mangos, aquellos frescos, y mejor cuidados, aquellos que se esconden en la cima de los árboles.

Encontrar el mejor mango cuesta trabajo, requiere de cualidades físicas y técnicas y, es riesgoso. Esto es a lo que yo le llamo la cacería del mejor mango

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