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Viajero M

El día que lo perdimos todo

El día que lo perdimos todo

¡Antes de empezar debes de saber esto! A continuación te voy a compartir un fragmento de mi mente, un fragmento obscuro que no podrías conocer de otra manera. La siguiente escritura es una inmersión a mi cabeza en un momento pesado de nuestra historia; vas a entrar a mi cabeza y podrás notar los sentimientos y los pensamientos que tuve un día obscuro de mi vida.

Este artículo no está modificado para agradar, informar o entretener, es un pensamiento de un momento real plasmado en papel. Esto demuestra que soy un ser humano que también tiene momentos obscuros en su vida.

El día que lo perdimos todo (escrito por Héctor)

Ya sea que nos sigas en redes sociales o que te gusten nuestros videos de Youtube, hay algo importante que no sabes sobre nosotros. Cuando empezamos este viaje y la aventura de compartir contenido en internet hubo un momento en el que lo perdimos todo.

Se podría decir que al principio fue intencionalmente; sin embargo, nunca nos imaginamos que nos pegaría de la forma en la que lo hizo. Déjenme contarles uno de los momentos más duros de Viajero M.

Seguramente ya saben cómo fue nuestro origen, si no lo saben, entonces les recomiendo que lean la Bitácora: Dejándolo todo para viajar al fin del mundo. En este capítulo explicamos cómo empezó todo.

Para no hacerles el cuento largo, cuando creamos el proyecto de viajar al fin del mundo, que consistía en viajar desde Ciudad de México hasta la Patagonia, Argentina, decidimos deshacernos de todo tipo de cosas.

Vendimos nuestra camioneta y un montón de bienes materiales, literalmente seleccionamos lo necesario, lo metimos en unas mochilas y emprendimos nuestro viaje dejando todo atrás.

Las razones eran simples, el proyecto estaba hecho para que cuando regresáramos a México nuestros ingresos fueran suficientes como para poder obtener aquello que habíamos decidido posponer.

La idea era, que después de algunos años, regresaríamos (mínimo) con el dinero para adquirir un hogar y con la posibilidad de celebrar la fiesta de nuestra boda que habíamos dejado pendiente. Poco a poco podríamos ir recuperando lo material que dejamos atrás; no obstante, nunca imaginamos que el mundo se pondría de cabeza.

Sabíamos que perseguir un sueño tiene sus riesgos, sabíamos que el proyecto podía fallar pero ese no estaba siendo nuestro caso. Nuestro sueño iba bien, como todo emprendimiento fue puro gasto e inversión al principio; sin embargo, después de aproximadamente 10 meses la balanza empezó a cambiar.

El proyecto mostró frutos mucho antes de lo pensado, empezó a enseñarnos que íbamos por el camino correcto y de pronto….. PUM. Una pandemia llamada COVID19 decidió asechar a todo el planeta.

Cuando esta enfermedad nos alcanzó, nosotros nos encontrábamos en Guatemala con planes para visitar Costa Rica.

El día que lo perdimos todo fue cuando decidimos abandonar el proyecto y cuando nos vimos obligados a buscar nuestro regreso a México. No…. el verdadero día que lo perdimos todo fue cuando el coronavirus decidió invadir el mundo porque, siendo realistas, abandonar el proyecto no fue una decisión voluntaria fue algo que nos obligó a hacer la pandemia.

Al principio la esperanza nos mantenía positivos, esperando que las cosas pasaran como si se tratara de algo temporal, pero cada día que pasaba esa esperanza empezaba a sucumbir ante la realidad.

Poco a poco las noticias nos iban mostrando cómo se cerraban los caminos, las fronteras, los atractivos turísticos. Día a día veíamos como el turismo y el arte de viajar moría.

No fue un día, fueron varios, fue una tortura.

Cada plática relacionada al tema de la pandemia y a qué iba a pasar con nosotros ocasionaba un ambiente envuelto en tristeza, frustración, impotencia y enojo.

Llegó un momento en el que entendimos que las cosas no íban a cambiar así que empezamos nuestros planes para regresar y abandonar el proyecto.

Danny lloraba algunos días, yo por otro lado estaba bloqueado emocionalmente, me convertía en un robot que hablaba el tema pero no sentía nada, simplemente estaba en shock. No podía concebir la idea de que todo por lo que había trabajado se estaba yendo a la basura.

No habían sido errores nuestros, no habían sido fallas en la planeación, no había sido falta de esfuerzo. ¿Cómo rayos una pinche enfermedad estaba afectando a tal grado nuestro sueño? No podía creerlo, así que supongo que entré en un estado de sobrevivencia dónde simplemente actuaba.

Lo vivido nadie nos lo quita porque fue maravilloso pero, lo trabajado se borró como si limpiaras un pizarrón. El trabajo de 2 años parecía una bola de papel en un cesto de basura.

Todos nuestros sueños de visitar Centroamérica y Sudamérica se los llevó el coronavirus y no sólo eso, también nos regaló una de las peores experiencias que hemos tenido: quedar atrapados en un país al que no perteneces y sin poder salir.

Como dice el dicho “la esperanza es lo último que muere” y así fue con nosotros, aunque debo decir algo que nadie más ha dicho: aunque es lo último, la muerte de la esperanza es lenta y dolorosa, se siente como si perdieras energía vital día con día. Si el infierno existe, podría apostar que se basa en torturar a las almas hasta hacerlas perder la esperanza.

Después de un duro camino de regreso a México, regresamos a casa de mi madre porque no teníamos a donde más llegar.

Desde el punto de vista social y, atrapado en mis estúpidas creencias, llegué sintiéndome un fracaso, no teníamos casa, no teníamos trabajo, no teníamos coche, el proyecto que nos generaba ingresos se estaba muriendo. Estábamos casados y yo, por supuesto, no tenía las posibilidades de proveernos con lo necesario para subsistir. Los números que habíamos logrado durante el viaje eran positivos pero ahora y, debido a una pandemia, todo se había ido al carajo.

Ahora me encuentro enfrente de mi computadora escribiendo esta triste historia, el viaje al fin del mundo murió o se pospuso, la verdad es que no lo sé. Los planes han cambiado y afortunadamente Viajero M sigue en pie, lastimado pero continúa, algunos días se sienten como si todo estuviera perdido, hay otros en los que se puede percibir una pequeña llama que todavía pelea por subsistir en nuestro interior.

Esta pandemia nos dejó en un punto donde nos es imposible visualizar hacia donde vamos ahora; mientras tanto seguiremos peleando como lo está haciendo una gran parte de las personas hoy en día, seguiremos buscando el sol en esta tormenta.