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Viajero M

Danny contra el Volcán Santa María

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Sabía que la travesía que íbamos a empezar sería difícil pero nunca imaginé que fuera de otro nivel.
Desde el Volcán Santa María se puede observar gran parte de Guatemala pero para llegar a la cima necesitas buena condición física, mucha voluntad y un alma que no se vence con nada. Mi esposa Daniela demostró tener eso y más puesto que su condición física no era suficiente y con pura voluntad logró hacer algo que muchos no hubieran podido.
Ahora me encuentro escribiendo esto al lado de ella, ayer regresamos de este volcán y está dormida, exahusta, le duele todo el cuerpo y le cuesta trabajo moverse, me acaba de susurrar: “Café, galletas, chocolate” la increíble mujer que tengo ya está alucinando del cansancio.
La idea de subir estaba en duda, pero nos convencimos de hacerlo porque varias veces escuchamos que la vista era divina. La excursión consistía en subir, acampar en la cima, dormir, despertarnos para ver el amanecer y regresar.
La excursión sería de 2 días y listo, sabíamos que sería pesado pero no creíamos que tanto.
Nuestra caminata por supuesto no empieza en el ascenso del volcán, empieza desde casa ya que debemos caminar hacia el transporte que nos deja en la comunidad donde está el volcán. El ransporte que nos lleva a la comunidad, va lleno así que debemos ir parados un buen rato, llegamos a la comunidad y ahora sí a subir.
Hay un factor importante que hace falta mencionar y que transforma la experiencia. Cuando vas a acampar en la cima tienes que llevar peso extra: sleepings, comida, mínimo 2 litros de agua por persona, probablemente algo extra de ropa y, en nuestro caso, el equipo para poder grabar la experiencia.
Una persona que lo hace de asalto (subir y bajar en el mismo día) lleva aproximadamente entre 1 y 3 litros de carga;, simplemente agua y una buena chamarra.

Una persona que va acampar debe de llevar aproximadamente entre 5 y 7 kilos extra en peso, sino es que más. Depende de cada caso.
Nosotros íbamos a acampar así que llevábamos peso extra. Este factor no lo consideramos bien; si hubiéramos subido sin peso extra probablemente Danny hubiera subido bien pero…..

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Llevábamos peso extra.
Empezamos nuestra travesía, subimos y subimos, los terrenos cambiaban constantemente. A veces eran pendientes, a veces tenías que caminar entre rocas, a veces era un camino formado por escalones naturales.
-¿Disculpa cuánto dijiste que hacíamos caminando?- tuve que preguntarle al guía para hacerme a la idea mentalmente.
-Depende, entre 5 y 6 horas pero la semana pasada me tocó un grupo con el que hicimos 8 horas-
Sólo pude pensar “Me lleva la %&$!!67!#”
-¡¿Qué?! y nosotros ¿cómo vamos?
– Mmmm bien.

Caminamos y caminamos, tomamos algunos descansos. Cuando ya pasaron 2 horas ya estás caminando con cansancio y saber que te faltan 3 o 4 horas genera una pelea mental en la que la voluntad es determinante.

Mis años de futbolista me entrenaron para estos momentos, yo sé como seguir avanzando con dolor, con cansancio, incluso aprendí a disfrutarlo. Mi mente y cuerpo saben cómo comportarse y cómo seguir adelante, estas son cualidades que se obtienen por practicar un deporte de manera profesional o incluso a nivel amateur, es una filosofía y disciplina con la que vives; sin embargo, Danny no tiene esa experiencia y a pesar de ser sana y de tener gran conidición para caminar distancias maratónicas, dudo que haya tenido enfrentamientos contra ella misma donde tienes que llevar a tu cuerpo a dar más de lo que aguanta.

Ya no hay vuelta atrás, la realidad es que el esfuerzo me impide concentrarme en Danny, esta es una batalla que debe pelear ella. A pesar de ofrecerle aligerarle la carga para yo llevar más peso, ella es una guerrera, quiere hacerlo por si sola, sin ayuda, sin trampas.
Subimos y subimos, Danny se queda en momentos rezagada, lo único que podemos hacer es esperarla pero para colmo, cada vez que la volteamos a ver nos dice ”Sigan sigan, yo voy atrás de ustedes” está dando, no el 100%, está dando el 1000%.

A veces descansamos varios minutos, todos recuperamos el aliento y seguimos hacia arriba. La subida cada vez es más difícil, el camino cada ves es más inclinando y más rocoso.

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Pasan las horas hasta que llegamos al punto donde nos dicen: Quedan 40 minutos aproximadamente, ya estamos llegando pero todavía falta.
A lo lejos se ve un resplandor de luz que indica la cima, estas cosas me motivan, me dan el último empujón así que recupero energía y sigo. Danny por otro lado y,  por lo que me platicó despúes, no sentía motivación ella ya había entregado su cuerpo a Dios y no sabía como es que seguía caminando.

Por fin llegamos a la cima. La vista es espectacular, estamos más arriba que las nubes, se ve gran parte de Guatemala desde aquí y estamos justo para el atardecer que muestra unos tonos rojisos, naranjas y amarillos impresionantes. La caminata valió completamente la pena y la hicimos en 5 horas con 15 minutos.

Me hubiera gustado tener un poco más de tiempo para disfrutar del espectáculo pero debemos montar la tienda de campaña porque hay viento, la noche se acerca y hace frío.
El volcán Santiaguito, que se encuentra a lado ruge con fuerza de vez en vez y expulsa fumarolas de buen tamaño durante la noche. Nunca en mi vida había visto las estrellas como se ven ahí, se ven tantas que no me lo creo.

Despertamos temprano para ver el amanecer, es increíble cómo se ve Guatemala desde aquí. Al fondo, tapando el sol destacan el volcán Atitlán, el Acatenango y el volcán de Fuego, de este último se alcanza a apreciar un diminuto punto rojo; la persona a lado nuestro nos explica que ya subió el Acatenango y que el punto rojo son las erupciones del volcan de fuego y la lava que expulsa.
Lo único que puedo pensar es, que si se ve desde aquí, debe ser bastante lava la que expulsa.

El sol poco a poco empieza a cambiar los tonos del cielo y nos regala un espectacular amanecer lleno de colores.
Llego el momento de regresar, empacamos todo y nos vamos. El problema es que si crees que bajar es fácil estás equivocado, es igual de cansado que subir.

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Para bajar nos tomó 4 horas y Danny sufrió todo el camino, el agotamiento se veía en su cara desde la segunda hora, estaba irritable y sensible. Su cuerpo ya había llegado al límite.

Los últimos 40 minutos fueron el infierno para ella, tuvimos que descansar varias veces en ese trayecto, todo le dolía y al parecer el cuerpo dejó de responder y ya le fallaba. Había pisadas que las piernas ya se daban por vencida y si no estaba atenta podía terminar en una dolorosa caída; y qué creen, a pesar de todo esto ella siguió adelante. -Mi amor, dame tu mochila yo me la llevo- le dije.

-Y eso de qué va a servir, si me duele el más mínimo paso.- Me contestó enojada, discutimos con algunas palabras sobre este hecho y al final si me estás leyendo es probable que entiendas que el hecho de que me llevara su mochila podría aligerar un poco su camino pero la realidad es que su escencia en el fondo seguía luchando por lograr cada paso por si sola.
Increíble, mi esposa es increíble, al momento me frustraba e incluso me molestó que no me dejara ayudarla, pero ahora que escribo esto recuerdo que esa fue una de las razones que me enamoró de ella, es una guerrera, está dispuesto a todo y es independiente, constantemente se demuestra que puede lograr cualquier cosa por su cuenta.

Por fin logramos bajar y en cuanto subimos al autobús que nos llevaría de regreso ella cayó rendida, habíamos logrado algo maravilloso juntos. Habíamos subido uno de los volcanes más altos de Guatemala, era la primera vez que acampabamos en una montaña y Daniela, desde mi punto de vista, había experimentado la increíble vivencia de llevar el cuerpo y la mente al limite.

Seguiremos viajando porque nos encanta conocer y descubrir el mundo pero sobre todo porque cada día nos transforma, este volcán nos ha puesto a prueba y esperamos con ansias nuevas aventuras.

Si un día quieres subir el volcán Santa María tienes que ver esto: Cómo subir el volcán Sana María

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